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Ítem Papel de Colgadura, Vol. 18(Universidad Icesi, 2019-06-01) Larraín Gonzáles, AméricaLas telas y los hilos envuelven nuestras vidas de manera permanente. Estamos tan acostumbrados a su abrigo que les damos por sentado, a tal punto que les hemos hecho invisibles, como el traje nuevo del emperador. No obstante, con telas e hilos hemos hilado e hilvanado memorias, urdido cosmovisiones, remendado economías, anudado travesías por el océano, zurcido saberes, encriptado textos en nuestros bordados o tejidos de punto y cosido afectos por siglos y siglos. Penélope tejía y destejía en tanto esperaba a Ulises, mientras que las Moiras hilaban el destino de los seres humanos al nacer, nuestras comunidades indígenas van tejiendo el pensamiento al anudar hilos en forma de espiral y elaboran mochilas.Ítem La enfermedad silenciosa de los “biopolímeros” : un problema biopolítico presente en las socialidades digitales(Universidad Icesi, 2021-01-01) Herrera Osorio, Catalina; Díaz Bustamante, Raquel; Asesor TesisA finales de junio de 2019 llegaba de mi primera salida de campo como estudiante de la universidad Icesi; estuvimos aproximadamente cinco días en la vereda de San Pablo de la Mar, ubicada en la costa nariñense. El Río Tapaje, sereno pero inmenso, nos recibió a bordo de ‘Don Lido’, después de pasar la noche navegando a través de este por las corrientes del Mar pacífico. No puedo sacar de mi mente cómo Pachita1, mientras entonaba su versión de la canción “Mi pueblo” de Jairo Varela, logró apaciguar las ansias y la incertidumbre que cargábamos quienes nos atrevimos a conocer una Colombia poco escuchada y que nos dejó inmensos aprendizajes. El muelle, lugar de encuentro con los niños y niñas de la comunidad, sostuvo muchos saltos, clavadas y tuvo que recibir uno que otro golpe, por la torpeza de quienes lo disfrutábamos. Vos y tu cuerpo se adaptan inevitablemente al medio y a las circunstancias en las que vivís. Mientras los niños y niñas de la vereda, sin importar su edad, lograban navegar por las aguas del río cual pez vela, mis compañeras y yo a duras penas nos manteníamos a flote. Quizás por esto, mi cuerpo estaba un poco fuera de lugar y me hice un poco más consciente de cómo me sentía, de cómo estaba “ubicada” en mi cuerpo de vuelta en la ciudad. A los días de regresar a la ciudad, me sentía cansada, algo confundida, de pronto hasta con un estilo de “mar lag” por los golpes constantes que recibimos en la lancha de regreso. Un viaje que hicimos en aproximadamente 13 horas en barco se redujo a 4 horas en lancha, pero con muchas ‘zarandeadas’ y tropiezos de por medio; mis glúteos y mi espalda recibieron todo el impacto.
