(…) Mis experiencias personales, que a la vez fueron compartidas con otras jugadoras de
rugby, han contribuido de forma especial a desarrollar mi feminidad, una feminidad que,
por supuesto, escapa a las definiciones dicotómicas de género. Si socialmente el rugby es
visto como un deporte masculino, personalmente el rugby me ha ayudado a no negar mi
cuerpo femenino y a apreciar el partir de mí cuando me relaciono con otras jugadoras.